La Creatividad y la Inteligencia
En cierta ocasión, me disponía a dar una charla sobre uno de mis libros. La persona que era el moderador, se dispuso a presentarme con mucho detenimiento en los detalles. La audiencia, llena de expectativa por la oportunidad de escuchar a un escritor, comenzó a aplaudir. Agradecí al moderador por sus palabras aduladoras y me dispuse a tomar el micrófono. Entonces, sucedió lo que inspira este articulo… las personas rieron y aplaudieron porque pensaron que era una broma. Son muchas las personas que se asombran al saber que soy escritor. Se sorprenden, quizás, porque sus expectativas de quién o qué debe ser un escritor están basadas en conceptos que la sociedad nos ha impuesto. Vivimos acostumbrados a esperar “algo” en específico de algún tema sin habernos interesado en el mismo. Cuando nos hablan de un policía, esperamos a alguien fuerte y de cara larga. Nos hablan de un psiquiatra, esperamos sin duda a algún tipo aburrido. Si nos presentan un bombero, esperamos que venga… no esperen, hemos cambiado en cuanto a los bomberos. Si le dicen a una chica que le presentaran un bombero quizás lleve un calendario para que le sea autografiado. Si presentan un escritor… pues, esperamos un anciano con anteojos del calibre de una lupa.
Menos en broma, es un asunto serio el de los escritores. Se piensa que un escritor debe ser una persona mayor, un erudito, intelectual, sabio, conocedor de todas las materias etc. En realidad, todo se debe a los conceptos de los que erróneamente nos han inculcado en nuestra educación. Ahora toco este punto con mucho respeto. Precisamente porque es mi interés principal para escribirles. Recientemente he leído mucho acerca de Nancy Coover Andreasen y sus estudios relacionados a la creatividad. En su libro, El Cerebro Creativo: La neurociencia del Genio (The Creating Brain: The Neurosicience of Genius), nos expresa lo siguiente:
La capacidad para desarrollar ideas originales o novedosas, o para producir una hermosa novela, útil es tal vez el rasgo cognitivo más importante que los seres humanos poseen. Sin embargo, apenas se ha estudiado científicamente. Aunque los investigadores han intentado desarrollar formas de estudiar el proceso creativo (el uso de "pruebas acerca de la creatividad"), estos métodos no están bien apoyados en términos de énfasis o validez predictiva. El mejor trabajo hasta la fecha se ha basado en el método de "estudio", a través del cual las personas creativas son estudiadas a través de entrevistas acerca de sus hábitos de trabajo y fuentes de conocimiento. Estos estudios también han examinado la relación entre la inteligencia y la creatividad. El mismo indica que el proceso creativo depende en gran medida en la intuición y de los destellos del conocimiento en lugar de procesos analíticos. También indica que el ser altamente creativo no es equivalente a tener un alto coeficiente intelectual. El promedio de coeficiente intelectual en la gente creativa es de alrededor de 120. Las personas con "niveles altos de IQ" (en promedio es 140) no son necesariamente creativas.
Esa última oración es sumamente importante. No porque signifique que la persona creativa no es intelectual. Sino porque este mundo que la ha tocado a usted y a mi vivir está basado en reglas y fundamentos de personas altamente intelectuales. Sin embargo, han sido los Creativos los que han inspirado las más grandes transformaciones en la humanidad. No se nos debe olvidar que fueron los “intelectuales” los que tildaron de “ineficientes y fuera de proporción” las pinturas de Vincent Van Gogh. Fueron los más altos “intelectuales” los que determinaron que la tierra era plana. Fueron los “eruditos” los que dictaminaron que la Tierra era el centro del universo etc.
Lo más importante es comprender que nuestra apreciación hacia algo o alguien debe estar basada en aceptación más que imagen. Si aceptamos a todas las personas tal y como son, les disfrutaremos y respetaremos lo que son y lo que aportan a nuestra vida. Mas allá de la imagen que queremos que los otros tengan. Abandonemos las “etiquetas” y “caretas” que asumimos y que suponemos que deben tener los otros. Para comenzar a transformar nuestra vida y por consecuencia la de la humanidad. Más importante que la intelectualidad es la creatividad. Les hacemos mucho daño a nuestros hijos e hijas al inculcarles solo conceptos intelectuales. Para mí, el sistema educativo debe estar basado en al creatividad y no en la intelectualidad. En el 97% de los casos de TDAH (Trastorno por distracción con Hiperactividad), los niños dejaban de prestar atención a sus clases para dibujar, pintar o escribir otras cosas que no estaban relacionadas con la clase. ¿Comprenden? ¡Estaban creando! ¿Por qué señalarlos con un trastorno, recetarles medicinas, pero nos enfocamos en su creatividad?
Por último, para que tenga constancia de este tema. ¿Sabe cuántas personas que han cambiado de una forma u otra nuestras vidas no han sido intelectuales graduados de las más renombradas universidades? Haga su lista, tengo la mía y la compartiré con ustedes en una futura ocasión.
Muy Agradecido,
Eduardo A. Borges
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